Tic Tac

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Hacía tiempo que había dejado de llover. Ella ya sólo podía oír el constante repiqueteo de las gotas que desde el tejado se deslizaban para caer sobre su ventana. Era como un tic tac.

Tic tac… Tic tac…

Últimamente toda su vida parecía girar en torno a ese sonido. Hacía tiempo que tenía la sensación de que desde que le había conocido, su compás vital se había asociado a ese constante ritmo pendenciero y cruel.

Tic tac… Tic tac…

Recordó su último encuentro. Fugaz. Como todos. Como cada uno de los momentos en los que intercambiaban los fluidos que emanaban de sus excitados cuerpos. Recordó la prisa con la que la recibió. Las ganas con las que sus manos desabrocharon su cinturón y la fuerza con la que bajó su pantalón hasta los tobillos. La sentó. Le dijo cómo tenía que hacerlo. Y ella lo hizo.

Afuera llovía. Y aquellas gotas parecían cantar el eterno tic tac.

Él se agachó. Ella sabía lo que él iba a hacer. Se lo había dicho. Le había confesado sus deseos. Y allí estaba ella, dispuesta a apagar aquel fuego que a él le quemaba y que a ella la atormentaba. Se agachó. Y ella posó sus manos sobre su cabeza. Al principio con cierta timidez, cierto pudor, cierta inseguridad. A medida que él jugaba con su sexo, con su clítoris, con sus labios, con la profundidad de su garganta, ella ajustaba su espalda arqueándola al mismo tiempo que sus manos se volvían más rudas sobre la cabeza de él.

Empezó a gemir. Su espalda curvada, su boca entreabierta, sus cabellos sobre su espalda, sus manos agarrándole fuerte le hacían saber a él que estaba haciéndolo bien. Aún así, él le preguntó si deseaba que parase. Ella sonrió. No podía estar hablando en serio.

Él se incorporó. Entendió que ella había llegado a donde él la quería llevar. Ella se sacudió. Se puso en pie.  Le miró y entendió que tenía que hacer algo con aquel sexo que destacaba bajo aquel pantalón.

Se arrodilló. No sólo quería devolverle el placer que había experimentado. Quería tener el placer que ya conocía de saborear su sexo y de sentir deslizar por su garganta el fluido de su cuerpo. Conocía su sabor y le gustaba. Quería volver a tenerlo. A tenerle. A llevarse algo de él.

Y así lo hizo.

Habían pasado diez minutos. Ella miró el reloj. Diez minutos. Los únicos diez minutos en los que ella había podido olvidarse del tic tac.

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3 comentarios en “Tic Tac

  1. Bueno, bueno, bueno. Estóu abraiada ca túa forma de contar as cousas más difíciles de un xeito tan sinxelo. Dolo, tí non eres unha muller imperfecta, a tí pásache como a mín: somos casi perfectas, casi, non se pode esaxerar. Somentes leín unha vez a forma de describir un momento de placer sexual, e disfrutalo ambos os dous. Eres incréible Dolo, non cambies nunca, nin permitas siquiera que o intenten. Mil bicos galega orgullosa de selo. Eu tamén son orgullosa de ser de Santa María de Leiloio, criada en Camariñas por cousas da vida, e de rumba por Carballo.

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