Buen Camino

Ella nunca sabría en qué momento decidió hacer aquel viaje que iba a cambiar para siempre su vida. Nunca llegaría, siquiera, a saber el motivo real que la empujó a preparar aquella pequeña maleta y emprender una escapada que significaba algo más que la búsqueda de unos días de descanso.

Quizá la necesidad de abandono. De un abandono personal que iba más allá de ese mismo sentimiento. Quizá no quería sentirse abandonada. Quizá sólo quería olvidar para dejar de sentirse olvidada. Así que allí estaba ella. Sola. Olvidada. Y decidida a olvidar. Olvidar aquel sentimiento. Olvidar aquella sensación. Olvidar aquellos días. Aquellos largos días en los que ella esperaba ansiosa su presencia.

Cerró los ojos. Y su mente, una vez más, la traicionó transportándola a aquella otra habitación.

Las manos de él volvieron a tocar su rostro. Volvió uno de sus dedos a posarse delicadamente entre sus labios. Y una vez más, ella volvió a besarlo. Respiró. Lo hizo profundamente. Sintió como el dedo índice de él volvía a deslizarse para recorrer su barbilla, su garganta, su pecho, su ombligo… Siempre al ritmo de su respiración. Sintió su fuerza. La de sus manos. La de aquellas manos que la tocaban, que la asediaban hasta dominarla por completo y hacerle vivir la necesidad de romper la pequeña distancia física que los separaba. Entreabrió los labios esperando un beso de él. Y él la besó. Lo hizo. Duramente, con pasión. Con la misma pasión con la que ella siempre le esperaba. Él mordió cada pliegue de su cara hasta oir el primero de sus gemidos. Y, sin quererlo, sin decidirlo, ella supo que era el momento de abandonarse.

Y él también lo supo. Porque una vez más, el sintió el abandono de ella, el de su mente, el de su instinto y, ya al final, el de su cuerpo.

Él la tomó por la cintura y la absorvió hasta hacerla suya. Ella ya no podía hacer nada. Ya no era nadie. Y entre sus manos, entre sus brazos, una vez más, como tantas otras, ella se olvidó de quien era para abandonarse absolutamente a él. Y él, una vez más, lo supo. Supo que era suya. Tomó su cuerpo hasta ceñirlo al suyo y adaptarla a su necesidad. Ella volvió a sentirlo dentro. Tan adentro que deseó llorar. Pero podía llorar. No quería hacerlo.

Y fue entonces cuando abrió los ojos y mirando al techo intentó contener las lágrimas que asomaban.

El mar está tranquilo esta mañana. La playa se ve preciosa a través de la ventana.

-Quizá sea un buen día para pasear…, pensó.

Desde la orilla puede verse el nombre de la casa en la que ella descansa. “Buen Camino”.

Ella sonrió.

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7 comentarios en “Buen Camino

  1. Me encantó, a mi me gusta mucho escribir también, espero que sigas escribiendo y cumplas tus metas y que yo y la gente que le gusta podamos disfrutarlo.mucha suerte!!y felicidades!!

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  2. Non sei como pintarás, pero si é como escribes, estará cheo de colores!!
    Encantoume todo o que lein…de mais antiguo a mais reciente.
    Muy sensual e sexual, cargado de pasión.
    Un gran placer descubrirte!

    Le gusta a 1 persona

    1. Moitas GRAZAS polo teu comentario e por adicarlle un tempo ao meu blog. Hai moitos anos que escribo,dende moza,unha afición que alterno de maneira intermitente ca miňa paixón polo debuxo.A primeiros de ano propúxenme adicarlle máis tempo a ámbalas dúas aficións e como resultado de esa idea nacíu este blog. De novo, Gracias!!! 😘

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